Todo lo sólido se desvanece en el aire

Al comienzo de la novela El lugar, del uruguayo Mario Levrero, el anónimo narrador se despierta en el piso de un lugar completamente oscuro sin tener idea de dónde se encuentra, . Decide comenzar a investigar lo que parece una habitación sólo para descubrir una puerta que no abre. Con cada vez con más temor, y tras intentar recordar cómo llegó hasta allí, finalmente da con otra puerta que sí funciona que lo conduce a otra habitación. El verdadero problema empieza entonces al descubrir que este nuevo espacio es igual al anterior. Oscuro y con tan solo dos puertas, una para entrar y una para salir y acceder a su vez a otra habitación idéntica.

El lugar, 2011 - Gastón Pérsico


 
La muestra Humo de Gastón Pérsico en Nora Fisch comparte mucho con esta novela absurdista. No sólo una de sus obras lleva el mismo título – un picaporte que no abre ninguna puerta, ya que se encuntra en el medio de una de las paredes de la galería, lleva apropiadamente el nombre de El lugar – pero también sus efectos visuales la evocan. El espacio físico de Nora Fisch consiste en una habitación rectangular, un pequeño cubo blanco. Algo así como una caja contenedora de arte. En el piso de la galería prácticamente vacía, yace una caja de cartón con zapatos, una Caja vacía rellena de zapatos vacíos. Una caja dentro de otra caja, vacío dentro del vacío, los zapatos sin el artista, los rastros de una ausencia.

Caja de zapatos vacía llena de zapatos vacíos & Arrastra partículas en suspensión, ambos 2011, Gastón Pérsico.


 
Una ausencia que reverbera por toda la exhibición. Un lugar donde casi nada es nada más lo que parece a simple vista. La alfombra que cubre el suelo tenía un extraño y a la vez familiar aroma el día de la inauguración de la muestra. Lo que aparentaba ser una nueva cobertura para el piso de la galería, era de hecho, una obra titulada Arrastra partículas en suspensión, consistente en una alfombra gris – el color del humo – con vodka volcado en su superficie. Mientras el alcohol transparente disolvía su presencia a medida que más y más invitados llenaban la sala, su fantasma quedaba, suspendido en el título, invisible.

Para Ceci, 2011, Gastón Pérsico


 
A Pérsico le gusta correr los significados, desplazarlos, reubicarlos donde no se supone que deberían estar. Tanto literal, como física y hasta geográficamente. Una de las obras ni siquiera está en la sala de la galería, sino a un par de centenas de metros, colgando en la vidriera de la librería Purr que enfrenta a la Avenida Santa Fe, donde instaló un letrero de neón. Los tubos luminosos recitan Hay una luz que nunca se apaga, el título traducido de una de las más maravillosamente tristes canciones de los Smiths. Es extraordinario aguardar la llegada de la noche y esperar hasta que el resto de los carteles que pueblan la avenida comercial disminuyan su furia. Y entonces contemplar la soledad de la simple y conmovedora fosforescencia del letrero. En la galería, una tarjeta de visita sirve como índice de la obra ubicada más alla sus límites y da algunas pistas de ella, con su actual locación y su título, dedicación incluida, Para Ceci.

La conversación infinita, 2011, Gastón Pérsico


 
Cada trabajo presentado en esta exhibición pone en funcionamiento toda una maquinaria, un sistema de referencias, que pasan por lugares tan disímiles como el título, la biografía de un filósofo recluido, la apariencia de insatisfacción del dandy, el mundo del arte contemporáneo, los diálogos de una película mainstream y la lista podría seguir casi interminablemente. Pero todas ellas no funcionan como citas, en la búsqueda de la autoridad perdida, ellas quieren articular la posibilidad de una conversación con otra, consigo misma, con la conversación misma. De una conversación infinita, como reza otra de las obras, que con sus vaciadas siluetas modernistas cuelga de la pared.. Pérsico, con su actitud híbrida, colaborativa, por momentos más parecida a la de un DJ que a la de un artista tradicional, consigue poner en cuestión la figura del autor, reexamina el espacio vacío dejado por su desaparición. Desde las páginas de Humo, el libro que también es parte integral de la muestra, pregunta junto a Foucault: Qué es un autor?, para tal vez solo descubrir los restos de una anticuada ficción disfuncional. Quizás ya no importe más preguntar quién habla, sino por qué y como se dice.

Humo, el libro, 2011, Gastón Pérsico


 
Si los escritos de Maurice Blanchot – una de las voces recurrentes en esta muestra-, significaron un retorno al misterio fundamental de la literatura, las obras de Pérsico desean habitar ese mismo mundo, donde la ausencia puede resultar mucho más productiva que una explicación. Un lugar para perder las formas, para fundirse con el otro, para convertirse en nadie, el vacío. Obras que, lejos de quedarse quietas dentro de sus marcos, buscan expandir las fronteras del arte, del conocimiento y de la sociedad.

Para Ceci, 2011, Gastón Pérsico


 

Humo de Gastón Pérsico
Galería Nora Fisch
Güemes 2967 pb

Hasta el 10 de Junio
Martes a viernes, de 15a 20hs

y en la vidriera de Purr Libros
Av. Santa Fe 2729, 1er piso

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